Siempre
consideré que Ferdinad Piech era el “gurú” de la industria automotriz
más despistado y había muchas razones. En su obsesión por el lujo y
glamur se olvido que era presidente de una marca popular de autos, que
se llama Volkswagen. En su estrategia VW se hizo de las firmas de lujo
más exuberantes de Europa, entre ellas Porsche, Audi y, Laborghini.
Cuando en las reuniones de entrega de resultados financieros siempre
lucían las marcas exquisitas y Volkswagen desentonaba en ese mundo.
Los que me parecía el mayor monumento a los caprichos de Piech era
la Touareg, una SUV que no fue relevante para Volkswagen y que comparte
el 90 por ciento de partes y plataforma de la Cayenne, que rescató de
los números rojos a Porsche, la hizo rentable y tuvo dinero, para que
posteriormente comprara a Volkswagen. Atrás de Piech, le siguieron
todas las demás marcas, incluida BMV, Mercedes Benz y Audi.
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